12 julio, 2014

Ascenso

Espiral afuera seguimos caminando hasta que los pies hinchados nos impidieron seguir la mancha. Auroras boreales eternas adornan los cielos estrellados que nos cubren. Fuimos antes del tiempo y nunca estaremos solos.
Guardianes de plata y hechiceros mancos atravesaron nuestros caminos por tiempos sin tiempo y seguimos camino arriba, hacia el vientre luminoso de la más alta aspiración mortal. Mudamos la piel incontables veces y dejamos de llamarnos por nuestros nombres cuando no pudimos distinguir la piel del nervio, del músculo, del seso: masa gris, universo condensado en las venas, respiración agitada, vientre caliente y ansioso…vamos al fin al encuentro del padre.
He aquí que la llama gélida eriza nuestra percepción abierta, misterio espiritual ascendiendo con osadía, ten piedad de nosotros.
¿Cuánto tiempo esperaste por nuestra compañía?
Cielos abiertos luminosos reverberan en revoluciones imparables, nuestra meta está casi completa: nada es todo, todo es uno. La tierra bajo nuestros pies comienza a quemar los pecados cometidos en vidas pasadas, carnavales danzan en torno a los viajeros del último camino en el fin del universo.
Criaturas despiadadas desenfundan la verdad detrás del velo rasgado. Alguien quiere hablar. Alguien quiere nacer. Impediremos la oscuridad, con nuestra sangre pagaremos el honor de la vida vivida y comprendida, aun cuando tormentas y danzas de confusión fueron compañeras inseparables en la vorágine de la mundanidad terrestre. Esas sombras ya quedaron atrás, junto a tres tazas de café sin azúcar, un boleto al cine sin usar y la propina de un acomodador de carros de supermercado.
Aquí, ahora y por la eternidad del tiempo sin tiempo se abre la última puerta para los que ascienden gustosos al encuentro con el infinito. Sé amable, sé sincero, sé justo, sé digno de nuestros presentes que cargamos por tan larga travesía.
El guardián quiere que dejemos la ilusión de la individualidad y perdamos la memoria de la carne infame. Lo haremos, llegamos aquí, mirar hacia atrás es apegarse a viejas consignas añejas que sólo guerra y perdición trajeron a nuestros padres.

Con solemne voluntad inexpugnable decimos sí al infinito. La puerta está de abierta de par en par. Entren hijos míos. [Silencio]

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