Espiral afuera seguimos caminando hasta que
los pies hinchados nos impidieron seguir la mancha. Auroras boreales eternas adornan
los cielos estrellados que nos cubren. Fuimos antes del tiempo y nunca
estaremos solos.
Guardianes de plata y hechiceros mancos
atravesaron nuestros caminos por tiempos sin tiempo y seguimos camino arriba,
hacia el vientre luminoso de la más alta aspiración mortal. Mudamos la piel
incontables veces y dejamos de llamarnos por nuestros nombres cuando no pudimos
distinguir la piel del nervio, del músculo, del seso: masa gris, universo
condensado en las venas, respiración agitada, vientre caliente y ansioso…vamos
al fin al encuentro del padre.
He aquí que la llama gélida eriza nuestra
percepción abierta, misterio espiritual ascendiendo con osadía, ten piedad de
nosotros.
¿Cuánto tiempo esperaste por nuestra
compañía?
Cielos abiertos luminosos reverberan en
revoluciones imparables, nuestra meta está casi completa: nada es todo, todo es
uno. La tierra bajo nuestros pies comienza a quemar los pecados cometidos en
vidas pasadas, carnavales danzan en torno a los viajeros del último camino en
el fin del universo.
Criaturas despiadadas desenfundan la verdad
detrás del velo rasgado. Alguien quiere hablar. Alguien quiere nacer.
Impediremos la oscuridad, con nuestra sangre pagaremos el honor de la vida
vivida y comprendida, aun cuando tormentas y danzas de confusión fueron
compañeras inseparables en la vorágine de la mundanidad terrestre. Esas sombras
ya quedaron atrás, junto a tres tazas de café sin azúcar, un boleto al cine sin
usar y la propina de un acomodador de carros de supermercado.
Aquí, ahora y por la eternidad del tiempo sin
tiempo se abre la última puerta para los que ascienden gustosos al encuentro
con el infinito. Sé amable, sé sincero, sé justo, sé digno de nuestros
presentes que cargamos por tan larga travesía.
El guardián quiere que dejemos la ilusión de
la individualidad y perdamos la memoria de la carne infame. Lo haremos,
llegamos aquí, mirar hacia atrás es apegarse a viejas consignas añejas que sólo
guerra y perdición trajeron a nuestros padres.
Con solemne voluntad inexpugnable decimos sí
al infinito. La puerta está de abierta de par en par. Entren hijos míos.
[Silencio]
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